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Se bajó del árbol y empezó a correr en el escenario

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Agenda Cultural Guatemala lamenta el fallecimiento de la actriz María Teresa Martínez Corzo (14 de agosto de 1936 – 16 de octubre de 2020). En esta nota recreamos su debut en los escenarios.

Adiós, ¡oh luz de mis ojos! Adiós, Inés de mi alma.

Escena tres, acto tercero de Don Juan Tenorio.

La primera vez que María Teresa subió a un escenario fue para la temporada de El monje blanco, un drama donde predomina el verso, escrito en 1930 por el español Eduardo Marquina (1879-1946). Fue una obra muy aplaudida en aquella época en las salas españolas y también latinoamericanas.

Martínez Corzo tenía siete años y muchos deseos por actuar. No era ajena al teatro, en su casa presenciaba los ensayos que organizaba su padre José Alberto Martínez Bernaldo, director teatral. María Teresa tuvo en él a un mentor íntegro. “De mi papá aprendí que la disciplina empieza en casa. Para mí fue padre, maestro, amigo y guía”.

El director le dio a su hija la oportunidad que tanto esperaba, confiándole una pequeña participación, el papel de un niño, en el montaje que estaba dirigiendo (a partir de la obra de Marquina) y que se iba a presentar en el Teatro Palace.

Esa sala existió en el corazón de la Sexta Avenida de la zona 1, cuando la arteria tuvo su época dorada, con esa y otras salas más de teatro. Ahora, hay una tienda de electrodomésticos en donde estuvo el Palace.

Fue en ese escenario donde María Teresa debutó, el 16 de marzo de 1944. Ella se preparó para el momento, aprendiendo sus líneas con la ayuda de su hermano mayor. Ese 16 de marzo esperaba la señal que una de las actrices, con un rol mayor, le daría para entrar a escena.

La actriz en «Pluma en el viento” (1954), dirigida por Alberto Martínez en el desaparecido Teatro Palace.

Parte de su participación requería subirse a un árbol y desde este, interactuar con otra actriz, quien debía bajarla del árbol. Una vez en el suelo intercambiarían algunas palabras y María Teresa debería tomar el crucifijo que llevaba la actriz.

“Pero esa señora no me quería”, contó María Teresa, sin revelar su nombre, “cambió el guión en plena función”. Ella era una niña que aún no sabía leer ni escribir. En la década de 1940 no existía el nivel escolar preprimario, aún no iba a clases y le faltaba un año para entrar a primero primaria.

En el IX Festival Nacional de Teatro (2015) recibió un homenaje por su trayectoria. Junto a la actriz, Alfredo Porras Smith. / Foto Ministerio de Cultura y Deportes.

María Teresa iba lo mejor preparada para alguien de su edad, con sus líneas memorizadas. “Ella quiso confundirme, pero al final, la que quedó mal no fui yo, porque dije correctamente mi parte y el diálogo que no encajaba era el suyo”, conto Martínez Corzo en una entrevista concedida durante el reposo que en 2004 guardó luego de un accidente automovilístico en febrero de ese año.

 “Le dio tanto coraje que ya ni me bajó del árbol y terminó la escena”, recordó María Teresa, quien por sí misma y apresuradamente, descendió del árbol de utilería y siguió diciendo en voz alta su parlamento detrás de la actriz porque faltaba tomar algo importante para terminar su papel. “Corrí detrás de ella, prácticamente salté a su cuello y tomé el crucifijo”.

Por siete años más María Teresa hizo papeles similares, interpretando a niños. Debido a que las oportunidades para niñas actrices eran muy escazas ella optó por lucir un estilo de cabello corto, que le facilitara obtener más roles, generalmente dados a niños.

Esa etapa primaria de papeles menores terminó cuando, a los 15 años, le confiaron uno de mayor responsabilidad. Ocurrió para la temporada de Retazo, obra que fue un parteaguas para María Teresa. Retazo es la comedia en tres actos del dramaturgo italiano Darío Niccodemi (1874-1934), estrenada en 1916. En dicha obra Martínez Corzo interpretó a una niña pordiosera que es adoptada por una familia acomodada.

En las décadas de 1930 y 1940 las compañías de teatro “escogían para escenificar obras que habían tenido éxito en España, en México o en Cuba, generalmente cómicas, costumbristas y con contenido moral”, explica el Compendio de Historia  de Guatemala 1944-2000 en su apartado acerca del movimiento teatral en el país. Fue en ese contexto que María Teresa Martínez comenzó su trayectoria.

A los 17 años, la actriz representa por primera vez un protagónico más acorde a su edad: doña Inés en Don Juan Tenorio, un drama romántico publicado en 1844 por José Zorrilla. En dicha obra María Teresa hizo ese papel de 1954 a 1968. Después de esto, como usualmente se dice, “lo demás es historia”, pero en el caso de María Teresa Martínez, esa historia abarca 77 de 84 años de vida dedicados al teatro, como actriz y directora.

Se desempeñó además en la docencia, declamación, locución, radionovela, cine, televisión y publicidad. Fue asesora cultural en dependencias estatales y municipales. Grabó también un disco compacto con poesía que fue musicalizada por Luis Galich.

Video de 2017, invitando a la temporada de Don Juan Tenorio

Su vasta participación en los escenarios fue imposible de calcular para ella misma. Fueron aproximadamente 300 obras en las que actuó. Estuvo siempre activa, especialmente con las temporadas de Don Juan Tenorio, una obra que en diferentes países se suele presentar a finales de octubre y principios de noviembre.

Pero este mes no habrá Tenorio, y ya no estará ella. No se trata solo de un vacío en la cartelera, su partida es una ausencia en la historia del teatro guatemalteco. La última temporada que María Teresa dirigió fue en 2019 en la sala Manuel Galich de la Universidad Popular. La hizo por 15 años para perpetuar la memoria de su padre, quien la montó por 30 años.

La niña que en El monje blanco vez bajó de prisa del árbol y empezó a correr en el escenario vio ayer cerrarse el telón por última vez, mientras el público la sigue ovacionando de pie, fuertemente.

*Esta nota recoge parte de la charla que María Teresa Martínez y el periodista Braliem Jousc sostuvieron en 2004.


La «última función»

En la fan page de la artista sus familiares compartieron que la actriz fue velada en Capillas Señoriales de la zona 9. El sábado 17 de octubre de 2020 habrá un homenaje de cuerpo presente en la Gran Sala del Teatro Nacional, de 11 am a 3 pm.

“¡Aún hay una última presentación! Hoy, como siempre, hay que brillar, junto a mi familia y amigos, junto a la gente querida que me llevo en el corazón”, indica el post.

“La vida fue buena conmigo. Gracias a todos los que me acompañaron en este trayecto, espero que siga siendo buena con ustedes quienes tanto llenaron mi alma de gozo y enriquecieron días y noches llenas de muy bellas artes”, detalla la publicación.

Después del homenaje el sepelio continuará su recorrido al Cementerio Las Flores.


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