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El fondo Ventura Puac-Coyoy, la colección de arte disidente en Chichicastenango

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Se puede conocer en línea una selección del acervo del “Fondo de la imagen, palabra y pensamiento Ventura Puac-Coyoy”, que cuenta con más de 300 obras.

“Gracias a este fondo, creado formalmente durante 2020 en plena pandemia, queremos tener una firmeza en cuanto a nuestra responsabilidad hacia la comunidad local y artística para preservar la memoria histórica a partir de las artes visuales”, indica Diego Ventura Puac-Coyor, artista y curador al frente de espacio/C.

Una selección de 17 piezas de la colección al resguardo de su familia se puede apreciar en línea, acompañada de un texto introductorio escrito por la curadora Maya Juracán y Ventura.

Izquierda: Ande Perén, San Juan Comalapa. Derecha: Manuel Navichoc, San Juan La Laguna.

En el documento “Desde el corazón del cielo”, disponible en la plataforma Issuu, hay piezas de  Anderson Perén, Manuel Navichoc, Fidel Caté Tuctuc, Jorge Luis Chavarría, Juan Maurilio Mendoza Canajay, Rodolfo de León, Manuel David Saquic Ordoñez, Fernando Salazar Andrino, Mariano González Chavajay, Alessandra Sequeira, Marco Augusto Quiroa, Oscar Perén y Daniel Sánchez Pérez.

Desde el corazón del cielo

En Chichicastenango se encuentra una de las grandes colecciones de arte creada desde la visión de los pueblos originarios, “construida desde la intención de resguardar las historias, sociales, políticas, estéticas y ancestrales”, indican Juracán y Ventura en el prólogo de “Desde el corazón del cielo”. La colección, resaltan, también se forma desde el cuestionamiento a las estéticas hegemónicas.

El acervo del “Fondo de la imagen, palabra y pensamiento Ventura Puac-Coyoy” cuenta con más de 300 obras plásticas. La colección no la posee un museo y muchas veces no fue adquirida por galeristas.

Fue iniciada por la familia Ventura Puac en la década de 1990 por Carmen Puac Coyoy y Diego Ventura Mateo con un criterio curatorial definido por tres ejes: Registro de las prácticas de la comunidad, Fotografía documental y Pintores de las comunidades cercanas.

“Esto ayuda a que la colección sea intencionada, conservada desde los apegos de la misma comunidad”, indican Juracán y Ventura.

Fidel Caté Tuctuc / San Juan Comalapa

En el repertorio hay obra de artistas emblemáticos como Juan Sisay, Fidel Caté Tuctuc o Marco Augusto Quiroa, pero también de Luis González Muy o Samuel Simón, “nombres que no han sido mencionado en la historia “oficial” del arte guatemalteco, ya sea por motivos de mercado o de academia”, detalla el texto de “Desde el corazón del cielo”.

Ese último punto es parte del valor de la colección, pues quebranta la lógica que ha definido la dinámica de los coleccionistas y las salas de exhibición. El Fondo Ventura Puac-Coyoy no pertenece a un gran museo, tampoco a un coleccionista circunscrito al modo occidental de adquirir arte.

Izquierda: Marco Augusto Quiroa, Ciudad de Guatemala. Derecha: Oscar Perén, San Juan Comalapa.

Bajo la lógica de la contemporaneidad Diego Ventura, quien heredó el ejercicio de coleccionismo de sus padres, alimenta la colección con propuestas de artistas contemporáneos en atención a tres líneas: Pintura y textil maya, Objetos de uso diario y ritual en las comunidades mayas y Arte moderno y contemporáneo.

Una parte del fondo de esta colección, específicamente una porción  de la obra gráfica, se exhibe en el café Villa Cofrades, ubicado en el mercado de Chichicastenango, cohabitando con las ventas del mercado local, entre negocios dedicados a hilos, textiles, frutas, chocolate o pan.

La idea de una colección formada en un pueblo “es un statement político”, indican Juracán y Ventura. “En primer lugar porque las galerías y el mercado de arte están limitados a los centros urbanos. Y, en segundo lugar, porque a través del arte de otros se forman narrativas que cobran sentido en el contexto local”, agregan.

Manuel David Saquic Ordóñez, San Andréx Xecul.

Explican que la colección se ha ido conformando por piezas que abordan temas relacionados al pensamiento, costumbres, alimentación, vestimenta, paisaje y la palabra que forma parte de la vida fuera de los centros urbanos.

“Contar nuestra propia histórica, con nuestros propios términos, era imprescindible  en un mundo donde el arte indígena se tiende a folclorizar dentro de la lógica capital del arte occidental. La colección nos muestra una visión más clara de resistencias de los pueblos y de narrativas propias, sin la necesidad de ser traducida por un intermediario”, enfatizan los autores de “Desde el corazón del cielo”.  


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